LA TEOLOGÍA DEL TRABAJO
(Jaume Llenas, secretario de la Alianza Evangélica Española)
(Resumen de las dos sesiones de estudio bíblico que tuvieron lugar en el Encuentro Anual de la UME en junio 2001. Disponible en cinta cassette)
Dios es alguien que trabaja sin cesar (Juan5:17), y hemos de poner nuestra atención en Jesús, el uso que hacía del sábado, sin violar la ley, identificado con el Padre, trabajando. Jn 5:19 :todo lo que el Padre hace lo hace también el Hijo. La semana de la creación fue la primera semana laboral de la historia. Vemos en el texto (Génesis) a Dios planificando. (Los japoneses pasan el 80% del tiempo planificando y el 20% corrigiendo errores, mientras que los europeos hacemos al revés) El mandato cultural de Génesis nos recuerda que el ser humano ha sido llamado a trabajar en la creación de Dios, en la administración de la misma, asumiendo una mayordomía al respecto. El concepto de trabajo según Génesis 2:15, ya estaba en los planes de Dios para el hombre antes de la Caída, y por lo tanto el trabajo no es una maldición en sí mismo. Nuestro llamamiento a trabajar proviene de un Dios amante que crea seres a sus semejanza con el propósito de relacionarse eternamente con él y de que cumplan sus eternos propósitos. Es por eso por lo que hemos sido llamados a trabajar. En Génesis 3 la realidad del pecado afecta al trabajo, creando dolor y sufrimiento en nuestra vida laboral, pero el pecado no ha producido un relevo del plan de Dios para el hombre en su Creación. Dios nos ha llamado a colaborar principalmente en dos aspectos: la creatividad y en la investigación. Asimismo, Dios no sólo crea: preserva lo creado. “El sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”(Hebreos 1:3)
Tiene suma importancia para nosotros recordar la humanidad de Jesús (“Hoy en día en el trono de Dios está sentado un ser humano”) Y aunque en la obra de la redención nosotros no tenemos nada que aportar, sí hemos de seguir el ejemplo de Jesús como servidor de los demás (Marcos 10:45), sin perder de vista el aspecto evangelizador que debemos asumir. El verbo clave de la evangelización es “ID”, y nos sugirió la posibilidad de: “Id y evangelizad en vuestros trabajos”
No hay que perder de vista pasajes bíblicos como Eclesiastés (1:3, 2:4, 18, 24-25). Hemos de equilibrar conceptos como iglesia, reino de Dios, trabajo, al observar cómo muchas veces se cae en un dualismo excesivo: lo terrenal (trabajo) versus lo celestial, concepto un tanto heredado de la Grecia clásica: oratores / laicos: velatores o laboratores, y que ha cuajado en nuestra cultura en buena medida. De ahí que observemos una simplificación del concepto de trabajo en las iglesias: “sólo sirve para ganarse el pan o, en el mejor de los casos, para testificar”, o el error de equiparar “trabajo a tiempo completo” con “servir al Señor”, o llamar sólo a esto ministerio, como si lo demás no lo fuese, fomentando el abismo entre lo vivido domingo y lo que hemos de vivir el lunes siguiente. Una reflexión bíblica al respecto nos ayudaría a suprimir la palabra “secular” (según Jaume, esto favorecerá nuestra salud mental), y así podríamos integrar nuestra fe en nuestra labor, sin dicotomías, retomando El lema de la reforma: “nuestro llamamiento es a amar al prójimo a través de las tareas realizadas en nuestro trabajo.” Colosenses 3:23 nos recuerda que hemos de hacer todo para el Señor.
En el otro extremo vemos la corrupción de la ética del trabajo, quitando a Dios de en medio y procurando encontrar el sentido de la vida en lo que hacemos, en nuestro trabajo. Eclesiastés 5:16-17 nos deja claro que esto no tiene sentido Nuestro valor está no en lo que somos capaces de hacer, sino en lo que somos, en lo que Dios ha hecho de nosotros en Cristo.
Vivamos nuestro como anticipación del reino de Dios, procurando buscar los valores del reino, con una visión “más allá”. Como aquellas tres personas que picaban en una cantera, y ante la pregunta “¿Qué estás haciendo?” uno respondió: “yo pico piedra” otro: “yo me gano el sueldo”, y un tercero, de miras más elevadas, aunque haciendo lo mismo, contestó: “yo construyo una catedral.” Incluyamos en la vida de adoración el aspecto laboral, y que Dios nos dé la capacidad de tener un equilibrio entre trabajo remunerado, en casa, en la iglesia, en la comunidad que nos rodea.