LA REALIDAD
DE LA MUERTE.
Resumen de la
plenaria que tuvo lugar en el Encuentro Anual en Junio 2000. Disponible en cinta
cassette.
La realidad de la muerte es contundente, y hemos de atender a todo lo previo a la misma y decidirnos a buscar la sabiduría que Dios desea que tengamos, más que el mero almacenaje de conocimientos. Es de destacarr la percepción que de la muerte tienen aquellos que están sanos, y hemos de buscar el equilibrio entre los dos extremos, uno por defecto que nos llevaría a una negligencia del cuidado de uno mismo, y otro por exceso cuyo exponente sería la hipocondría. En cuanto a los pacientes terminales, hay que recordar que la inmensa mayoría perciben su propia muerte aunque tantas veces haya un pacto de silencio frente a la misma. El escuchar con los ojos, el contacto físico, contestar con monosílabos, puede ayudarnos a ser el eco adecuado para que, al verbalizar, el paciente mismo encuentre algunas claves. Aquí, comunicarle la verdad al paciente en cuanto a la muerte debe obedecer a la norma divina de revelación progresiva de la verdad. Recordemos que la mayoría de los pacientes marcan el momento y la dosis de verdad que quieren saber. No olvidemos que la mentira es el paradigma de la cobardía. Asimismo, no hemos de olvidar el conjunto de reacciones que el paciente puede tener ante la muerte, estudiadas por la psiquiatra estadounidense Kúbler-Ross: negación y aislamiento (“¿no, yo no?”), ira, rabia, envidia y resentimiento (“¿por qué yo?”), pacto, ofrecimientos (“si soy bueno, ¿podré entonces vivir?”), depresión (“¿qué sentido tiene?”) y aceptación. Es sumamante importante tener una muerte digna. (Apocalipsis 14:13) Frente al “descanse en paz (R.I.P.)” queda la propuesta de el “agonice en paz”, para lo cual son necesarias tres “c”: la cercanía, la comprensión y el consuelo. Queda la reflexión sobre la muerte y nosotros, recordando que la muerte no es absurda ni estúpida. Es la culminación de una existencia para dar lugar a la otra cara de la moneda, a otra forma de vida. Como dijera Shaeffer “veo a un hombre morir, han pasado cinco minutos, y todavía existe”.