LA CALIDAD EN EL TRABAJO  

Ángel Sierra. Jefe de Servicio de Aparato Digestivo. Hospital Insular de Gran Canaria.

 

El concepto de calidad total como un concepto cogido de la economía y aplicado a la medicina, definiendo dicha calidad como intentar dar la mejor asistencia de la manera más adecuada y al menor coste. Nos recordó  la importancia que tiene dar calidad de vida a nuestros pacientes, en relación con el concepto de calidad de la OMS: no solo años a la vida sino vida a los años Trajo a nuestra consideración, a propósito del tema,  las palabras recogidas en el Salmo 90.. Para proponer un camino de calidad tener nosotros claras nuestras metas ante la voluntad de Dios para nuestras vidas, recordando la importancia de redimir el tiempo (Efesios 5:16 :aprovechar el tiempo haciendo el bien)  ¿Cómo podemos hacer el bien a nuestros pacientes? En primer lugar trabajando bien. Nuestro “gold standard”, nuestro patrón de oro es Jesús. Más bien es un camino marcado hacia el que tenemos que ir. Tenemos que presentar el Señor Jesucristo en nuestras vidas. Desde luego será muy difícil dar calidad de vida si no la tenemos nosotros.

Hemos de buscar calidad asistencial. Prestar la mejor asistencia al paciente y que esto le satisfaga. Conseguir la mejor adecuación de las prestaciones (lo que hacemos lo que damos al paciente). Ante la enorme variabilidad en nuestro proceder médico: p ej la tasa de amigdalectomías en dos ciudades españolas varía un 30%, siendo el único factor de variabilidad el médico prescriptor, una de las cosas que tenemos que tener en cuenta es la aplicación de la Medicina Basada en la Evidencia (MBE) usando las herramientas (guías clínicas) a nuestra disposición, ya que leer y asimilar toda la información a nuestro alcance es imposible. La vida media de los conocimientos en la facultad, que antes era de 5 años, ahora es mucho menor. Esto implica una superespecialización.

Es muy importante la formación humanista del médico. Laín Entralgo decía que el acto médico se fundamenta en tres pilares: el principio de una máxima capacidad de conocimientos científicos y técnicos, 2º: el principio de la obra bien hecha (parecerse lo más posible a una obra de arte: dar la mejor calidad posible) 3º: el principio de la autenticidad del bien, intentar hacer el bien, el principio de la beneficiencia, o si no es posible, al menos el de no maleficiencia.

Nos animó a tener presente el sufrimiento de muchos pacientes con patología funcional, planteando si la medicina habitual es capaz de hacer el bien  a un montón de pacientes. Alguien dijo de EEUU:“Hemos producido los médicos más avanzados científicamente del mundo, los cuales a menudo son bastante limitados en su gama de intereses, compasión y comprensión hacia los enfermos. Si se sigue este camino los médicos pueden convertirse en los técnicos de un nueva industria, mientras que unas personas diferentes del médico se encargarían de administrar al paciente comprensión, consejo y alivio, lo que antaño era el arte médico, otros se encargarán del aspecto meramente científico...”    De alguna manera, sin perder de vista la MBE, hablemos de la medicina basada en la afectividad (Jovell: Medicina Clinica 5, 1999; 113: 173-175) No hemos de perder el norte en este sentido como cristianos. No es de extrañar que  la enfermería moderna, partiera de unos principios cristianos. Precisamente en el salmo 90 vemos que “Dios se inclinó”, verbo en castellano emparentado en su raíz con la palabra “clínica”. La calidad de vida sólo viene a través de nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos, y desde ahí podremos inclinarnos hacia nuestros semejantes siguiendo el ejemplo del Señor.  Recordemos las palabras de Tournier:  “los pueblos están hartos hoy en día de una cultura intelectual que carece de influencia sobre su vida...están hartos de sabios que se encierran en su gabinete y renuncian a su misión de conductores de hombres pq toda su ciencia no les ha servido para conducirse a sí mismos, por eso la gran tarea de nuestra generación, la llamada que Dios nos dirige es reconciliar lo espiritual con lo material, es derribar la hermética pared que los separa, es dejar de creer que lo espiritual nada tiene que ver con  la psicología, la política, los negocios y la medicina, dar su vida a Dios es encontrar la disciplina material tanto como la del alma, es volver a ser real y concreto...”

Llevemos una vida de excelencia y una vida de esperanza, que es lo que necesita el que sufre.

Durante el tiempo de coloquio, se recordó que es lo mismo calidad del producto que calidad de la actuación, no es lo mismo rendimiento que calidad, la calidad tiene que ver con nuestra faceta profesional pero también en la faceta personal.  Se sugirieron cuatro pasos para mejorar la calidad: Identificar objetivos, ver las deficiencias, trazar un plan para ello, consultando al Señor y a su palabra y hacer un  control de calidad (revisión periódica).

Ante los cuestionarios de calidad de vida, se dejó constancia de un cierto escepticismo, si bien ante la necesidad de medir de algún modo estos parámetros, se hacen necesarios, especialmente para encauzar los recursos, que siempre serán limitados.

Se mencionaron las auditorías continuas, que son práctica habitual en  otros países y que tantas suspicacias y rechazo causan en nuestro medio.

Se recordó que el experto no es el que sabe más de una cosa, sino el que por los años tiene más experiencia sobre esas cosas, así como la importancia de no pretender a toda costa que el paciente esté satisfecho sin mas...cuidado con los hospitales como factorías de salud. Nosotros debemos curar al paciente (apelando al sentido etimológico que implica cuidar), y que nuestra motivación debe ser hacer el bien y hacerlo bien, independientemente de que los resultados sean cardos o espinos.

 

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