ÉTICA Y TRABAJO

'"En el barbecho de los pobres hay mucho pan;
mas se pierde por falta de juicio."
(Proverbios 13:23)
Esa
diferencia se va a traducir en resultados: naciones que hasta entonces habían
sido insignificantes o de segunda categoría van a tomar las riendas del mundo,
mientras que los antiguos señores se van a quedar con su orgullo, pero en la más
absoluta miseria.
La manera de concebir el trabajo que la Reforma enseña, estaba en radical
oposición a las rígidas estructuras aristocráticas que la Iglesia Católica
sostuvo, con su equivocado entendimiento del valor del trabajo como un castigo
por el pecado. Equiparar el trabajo a la enfermedad, el sufrimiento y demás
consecuencias desastrosas de la rebelión contra Dios, no sólo fue un error
exegético sino un despropósito de terribles consecuencias en la historia de
muchas naciones. Por eso hay un inequívoco lazo de unión entre Reforma y
progreso, por un lado, y catolicismo y pobreza, por otro. También, y por las
mismas razones, hay un nexo entre Reforma y democracia -en cuanto opuesta a
aristocracia y linaje- por un lado, y catolicismo y absolutismo, por otro.
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La Reforma dignifica el trabajo y, por ende, al
trabajador |
Pero en los países donde la Reforma
arraiga se creará otra óptica del trabajo, concibiéndolo como lo que es
en realidad: algo que viene de Dios, antes de la Caída, para la
realización de nuestras capacidades y habilidades, lo cual redunda en el
pleno desarrollo de nuestra personalidad, y esto a su vez trae gloria a
Dios. ¡Qué diferencia tan radical entre juzgarlo como un lastre a
considerarlo como un medio de proyección personal que glorifica a Dios! |
La Reforma dignifica el trabajo y, por ende, al trabajador, aunque sea un humilde zapatero o un primitivo labrador; el truhán, el pillo, el aventurero y el vividor, lejos de ser héroes o cuasi-héroes como en España, serán, más bien, clasificados como rémora y carga social. El texto bíblico que encabeza este artículo contempla una realidad de este mundo: la pobreza, la escasez de recursos; pero al lado de ello establece que el trabajo hecho inteligentemente -con juicio, es decir, con diligencia, con esmero, con dedicación- es capaz de redimir esa falta de recursos. Tenía razón Max Weber al identificar Reforma y progreso; sólo le faltó decir una cosa: que la Reforma no inventó el principio del valor del trabajo, sino que simplemente se limitó a predicar lo que la Biblia enseña sobre el mismo.
Wenceslao Calvo,
pastor en Madrid y conferenciante
© W. Calvo
© I+CP, Madrid, 2001