ESPERANZA Y ETERNIDAD DE DIOS.

(Manuel Suárez, endocrinólogo)

(Breve resumen de las dos sesiones de estudio bíblico que tuvieron lugar en el Encuentro Anual de Junio 2000)

Frente a las frustraciones ocasionales inherentes a nuestro quehacer sanitario, con la muerte encabezándolas, hay lugar para la esperanza si volvemos la vista al Dios eterno, quien nos creó, pudiendo así recuperar la finalidad de nuestra vida. Asimismo, la imagen de la eternidad de Dios la tenemos en el YO SOY (Éxodo 3:13) que nos recuerda que él es el presente continuado así como el ser por antonomasia. No llegamos a conocer ni entender significativamente a Dios hasta que no se nos reveló en Jesús, quien se bajó de la eternidad para dejarse limitar por el tiempo (Juan 8:58), insertándose en una genealogía, con su kairós, su hora, acatando también la limitación más importante: la muerte. Yaveh nos encontró en Cristo, y empieza a nacer nuestra esperanza ante nuestra muerte, puesto que su eterno YO SOY la venció en la resurrección.

          Asimismo, ante la sensación frustrante de la duda sobre la continuidad de nuestros proyectos en el futuro, hemos de ver cómo Dios ha guiado el pasado con una perspectiva eterna, reconociéndonos también como descendientes de nuestros antecesores en la fe, continuando su obra. Contemplemos nuestra muerte como el final de una etapa inicial, refugiados en el Dios eterno en cuya mano están nuestros tiempos.(Salmo 31:15)

 ESPERANZA Y ETERNIDAD DE DIOS.

(Manuel Suárez, endocrinólogo)

(Breve resumen de las dos sesiones de estudio bíblico que tuvieron lugar en el Encuentro Anual de Junio 2000)

Frente a las frustraciones ocasionales inherentes a nuestro quehacer sanitario, con la muerte encabezándolas, hay lugar para la esperanza si volvemos la vista al Dios eterno, quien nos creó, pudiendo así recuperar la finalidad de nuestra vida. Asimismo, la imagen de la eternidad de Dios la tenemos en el YO SOY (Éxodo 3:13) que nos recuerda que él es el presente continuado así como el ser por antonomasia. No llegamos a conocer ni entender significativamente a Dios hasta que no se nos reveló en Jesús, quien se bajó de la eternidad para dejarse limitar por el tiempo (Juan 8:58), insertándose en una genealogía, con su kairós, su hora, acatando también la limitación más importante: la muerte. Yaveh nos encontró en Cristo, y empieza a nacer nuestra esperanza ante nuestra muerte, puesto que su eterno YO SOY la venció en la resurrección.

          Asimismo, ante la sensación frustrante de la duda sobre la continuidad de nuestros proyectos en el futuro, hemos de ver cómo Dios ha guiado el pasado con una perspectiva eterna, reconociéndonos también como descendientes de nuestros antecesores en la fe, continuando su obra. Contemplemos nuestra muerte como el final de una etapa inicial, refugiados en el Dios eterno en cuya mano están nuestros tiempos.(Salmo 31:15)

 

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