EL PODER DE LA ORACIÓN
¿Tienen las oraciones poder para curar? La ciencia está descubriendo lo que los
creyentes siempre supieron. Lo que voy a relatar ocurrió cuando trabajaba en el
hospital Parkland Memorial de Dallas (Texas) durante mi residencia. Mi primer
paciente sufría de cáncer en fase terminal y la dolencia le afectaba los dos
pulmones. Le aconsejé respecto a la terapia que se le podía administrar, y le
expliqué lo poco que le serviría. Acertadamente, optó por no seguir el
tratamiento.
Cuando pasaba junto a su cama, siempre lo veía rodeado de personas de su iglesia
que habían ido a visitarlo, a cantarle y orar con él.
Qué bien -pensé-, pues pronto estarán cantando y orando en su funeral.
Transcurrió un año y yo trabajaba en otro centro médico. Entonces, un colega del
hospital Parkland me llamó para preguntarme si estaba interesado en ver a aquel
paciente. ¿Verlo? Ni siquiera podía creer que todavía estuviera con vida.
Estudié su radiografía y me quedé boquiabierto. El paciente tenía los pulmones
limpios, sin ningún indicio de cáncer.
La terapia a la que se sometió le dio excelentes resultados -comentó el
radiólogo, que miraba por encima de mi hombro, refiriéndose al paciente.
¿Terapia? pensé. Si no se sometió a ninguna... a menos que la oración se
considere una terapia.
Conté lo sucedido a dos de mis profesores de la facultad de medicina. Ninguno de
los dos reconoció que había sido una curación milagrosa.
Es el curso natural de la enfermedad, opinó uno.
Está claro, comentó el otro encogiéndose de hombros.
Yo había perdido hacía mucho la fe de mi niñez. En aquel momento creía en la
eficacia de la medicina moderna. Diríase que consideraba la oración algo
superfluo. Así que no pensé más en ello.
Transcurrieron varios años más. Llegué a ser director de un importante hospital.
Estaba al tanto de que muchos de mis pacientes oraban, pero confiaba muy poco en
la eficacia de sus plegarias. Terminaba la década de los ochenta, y de
casualidad llegaron a mis manos unos estudios. Muchos de ellos se habían
realizado en condiciones muy estrictas de laboratorio, y revelaban que la
oración influye de manera decisiva en diversas dolencias.
Tal vez el estudio más convincente sea el que publicó en 1988 el cardiólogo
Randolph Byrd. Una computadora extrajo los nombres de 393 pacientes de una
unidad coronaria del Hospital General de San Francisco. Seguidamente, repartió
los nombres en dos listas. Una de ellas se entregó a grupos de oración, mientras
que nadie oro por las personas cuyos nombres figuraban en la otra. Nadie sabía
en qué lista estaba ninguno de los enfermos. A los grupos de oración solo se les
proporcionó el nombre de pila de los pacientes, junto con una breve descripción
de las dolencias que los aquejaban. Se pidió que oraran por esos pacientes todos
los días hasta fueran dados de alta, pero no se les dieron instrucciones de cómo
orar ni qué decir.
El estudio terminó al cabo de diez meses y los pacientes por los que se oro se
beneficiaron en varios aspectos importantes:
* Tenían cinco veces menos probabilidades de necesitar antibióticos, en
comparación con los enfermos por los que no se oro.
* Tenían dos veces y media menos probabilidades de sufrir de insuficiencia
cardiaca congestiva.
* Tenían menos probabilidades de sufrir un paro cardíaco.
Si la técnica médica estudiada hubiese sido un nuevo medicamento o procedimiento
quirúrgico en vez de la oración, probablemente se habría proclamado como un gran
avance de la medicina. Incluso escépticos recalcitrantes como el Dr. William
Nolen, que escribió un libro cuestionando la validez de la fe para sanar,
reconoció: "Si este estudio es fidedigno, los médicos deberíamos escribir en las
recetas: "Oración tres veces al día". Si el método surte efecto, utilicémoslo."
Pero hay cosas que los científicos, y los médicos nos contamos entre ellos no
entienden. La eficacia de la oración es una de ellas.
Actualmente he dejado el ejercicio de la medicina y me dedico a investigar y
escribir sobre los efectos de las oraciones en la salud. Hay estudios que dan a
entender que puede tener consecuencias beneficiosas en caso de alta presión
arterial, heridas, jaquecas y ansiedad. En los párrafos siguientes expongo
algunos de mis hallazgos:
La oración adopta múltiples formas.
En los estudios que han pasado por mis manos, los resultados no se manifestaron
únicamente cuando se oró pidiendo resultados concretos, sino también cuando se
elevaron plegarias sin entrar en detalles. Es más, algunos estudios indicaban
que en los casos en que solo se dijo algo así como: "Señor, hágase Tu voluntad",
ello fue, en términos cuantitativos, más eficaz que los resultados específicos
que se esperaban. Numerosos experimentos indican que la simple actitud de
oración la devoción acompañada de compasión e interés hacia la persona por quien
se ora- crearon las circunstancias que favorecieron la curación del paciente.
El amor aumenta la eficacia de la oración.
La eficacia de la oración es legendaria. Es parte del folclor, del sentido común
y de la vida diaria. El amor tiene efectos físicos: prueba de ello es que los
enamorados se sonrojan y les palpita el corazón. A lo largo de la historia se ha
reconocido sin excepción que el cariño y el desvelo constituyen un factor
valioso para la curación. Es más, una encuesta que se llevó a cabo entre 10.000
hombres afectados de cardiopatías y que se publicó en el boletín The American
Journal of Medicine reveló que la angina de pecho se redujo a la mitad en los
que percibían el apoyo y el amor de sus esposas.
Prácticamente todos los que se valen de la fe y la oración para sanar están de
acuerdo en esto: que el amor es la fuerza que les permite proyectarse para
curar, incluso a distancia. La sensación de interés y de afecto es tan marcada
que todos la describen diciendo que sienten como si se fundieran con la persona
por la que ruegan. La curadora Agnes Sanford lo define así: "Solo el amor
enciende el fuego de la curación".
La oración es saludable.
El Dr. Herbert Benson, de la facultad de medicina de Harvard, fue uno de los
primeros investigadores que estudió los efectos beneficiosos para la salud de la
oración y la meditación. Descubrió una correspondencia entre el ejercicio y la
oración. Enseñó a corredores a meditar mientras corrían, y descubrió que el
organismo les funcionaba con mayor eficiencia.
Sus hallazgos revelaron que la oración no solo es beneficiosa, sino que hay una
amplia variedad de métodos. Prescribir una forma específica de rezar podría
coaccionar a las personas y hacerles perder interés en orar.
La oración es flexible.
La mayoría de las personas que oran están convencidas de que las plegarias se
emplean de manera resuelta y con un objetivo específico. Sin embargo, las
investigaciones revelan que también dan buenos resultados los ruegos generales.
Invocaciones como las siguientes no exigen unos resultados concretos ni exigen
mucho detalle o elocuencia: "Hágase Tu voluntad", "así sea",
La oración demuestra que no estamos solos.
Uno de mis pacientes agonizaba. El día antes de su fallecimiento, me senté junto
a su lecho. Lo acompañaban su esposa y sus hijos. Él sabía que le quedaba poco
tiempo de vida, y elegía con cuidado sus palabras; hablaba en susurros y con voz
ronca. Pese a que no era religioso, nos reveló que últimamente había empezado a
orar.
¿Y por qué pide? le pregunté.
No es que ore por nada en particular respondió pensativo; es que hacer oración
me recuerda que no estoy solo.
James R. Yate