CONTRIBUCIÓN CRISTIANA A LA MEDICINA

Rosie Beal-Preston

Durante dos milenios, doctores y enfermeros, inspirados por el ejemplo y las enseñanzas de Jesús de Nazaret, han estado al frente de los esfuerzos para aliviar el sufrimiento humano, curar enfermedades, y producir avances en el conocimiento y la comprensión  de ellas.  La Iglesia Cristiana ha jugado un papel importante en desarrollar y dar forma a la práctica de la medicina.

 

El Movimiento Hospitalario      

          Antes de que surgiera el cristianismo, existía alguna especie de “centros hospitalarios” en regiones budistas.  Los antiguos griegos practicaban una forma muy simple de la medicina, y los templos griegos incluían lugares donde los enfermos podían dormir y recibir ayuda.  Se cree que los romanos establecieron algunos hospitales militares.  Sin embargo, fueron los cristianos del imperio romano quienes comenzaron a cambiar la actitud de la sociedad hacia los enfermos, los minusválidos y aquellos que se estaban muriendo, mediante su enfoque de la vida tan radicalmente diferente.

          El mundo greco-romano en el cual apareció el cristianismo a menudo era inhumano y cruel.  Los más débiles y los enfermos eran repudiados.  Las prácticas de aborto, infanticidio y envenenamiento eran bastante comunes.  El médico a menudo era también brujo además de sanador, y el poder para sanar le concedía igualmente el poder para matar.  Entre los paganos del mundo clásico solamente un grupo de médicos hipocráticos mantenían una actitud diferente hacia los demás seres humanos.  Realizaron juramentos para sanar y para no dañar, y llevar a cabo su responsabilidad de cuidar de los enfermos.

          Sin embargo, no fue hasta que Constantino concedió el primer Edicto de la Tolerancia en 311 d.C., que los cristianos pudieron mostrar públicamente sus convicciones éticas y realizar la reforma social.  Desde el siglo IV hasta el tiempo presente, los cristianos se han destacado tanto por su labor en planear, localizar y construir hospitales, como por sus esfuerzos en levantar los fondos.  Las ciudades con una representación significativa de cristianos ya habían empezado a cambiar las actitudes prevalentes, y ya habían comenzado a construir los hospicios (casas de huéspedes para enfermos y minusválidos crónicos).

          Los relatos de estas demostraciones de preocupación por los demás por parte de los cristianos, tuvieron un enorme impacto, incluso antes del decreto de tolerancia de Constantino.  Clemente, un lider cristiano en Roma al final del siglo I de la era cristiana, cuenta como la comunidad cristiana ya estaba haciendo mucho para aliviar el sufrimiento de las pobres viudas.  En el siglo II cuando la plaga golpeó la ciudad de Cártago, las familias paganas echaban a las calles a los que sufrían.  La comunidad cristiana por completo respondió, liderados por su obispo en persona.  Se les podía ver en las calles, ofreciendo consuelo y acogiéndoles en sus propios hogares para cuidarles.  Unas cuantas décadas después de Constantino, Juliano, quién había llegado al poder en 355 d.C. , fue el último emperador romano que intentó reinstituir el paganismo.  En su Apología,  Juliano afirmó que si se quería lograr mantener la religión antigua, tendrían que cuidar de la gente aún mejor de lo que lo estaban haciendo los cristianos.

          A la misma vez que aumentaba la libertad política, también lo hacía la actividad cristiana.  A los pobres se les alimentaba y se les enterraba gratuitamente.  A los huérfanos y las viudas se les protegía y se les proveía para sus necesidades.  Cuidaban a los ancianos, prisioneros, esclavos enfermos y a otros marginados, especialmente a los leprosos.  Estos actos de generosidad y compasión impresionaron a muchos escritores y filósofos romanos.

          En 369 d.C, San Basilio de Cesarea fundó un hospital con capacidad para 300 camas.  Este fue el primer hospital a gran escala para los enfermos y minusválidos graves.  Allí se cuidaba a las víctimas de la plaga.  Tenían lugares de acogida para los pobres y ancianos, unidades de aislamiento, salas para viajeros enfermos, y una casa para leprosos.  Fue el primero de muchos, construído por la Iglesia Cristiana.

          En la llamada Edad Oscura (476-1000), los gobernantes influídos por principios cristianos, promovieron la construcción de hospitales.  Carlomagno decretó que cada catedral debería tener adjunta una escuela, un monasterio y un hospital.  Los miembros de la Orden Benedictina se dedicaban al servicio de los enfermos graves, para “ayudarles tal como haría Cristo”.  Los hospitales monásticos se fundaron basándose en este principio.

          A finales de la Edad Media, en las ciudades donde existía una numerosa población de cristianos, los monjes comenzaron a ‘profesar’ la medicina y cuidar de los enfermos.  Se reformaron las enfermerías monásticas para acomodar un mayor número de la población local y de los alrededores.

          A causa de una prohibición por parte de la Iglesia de que los monjes actuaran fuera sus monasterios, se fomentó la formación de médicos laicos.  Se sostenía que se estaba interfiriendo con las responsabilidades espirituales de los monjes.  Poco a poco, las ciudades con catedral comenzaron a proveer un mayor número de hospitales públicos grandes, con el apoyo de los gobernantes de la ciudad.  A raíz de ésto se llegó a secularizar más el cuidado médico.

          No obstante, el ejemplo de la Iglesia continuó siendo un reto y un estímulo para la expansión del cuidado de la salud por parte de las autoridades seglares.  Con el tiempo, fue disminuyendo el número de ciudades o pueblos sin un hospital.  La Iglesia continuó destacando en su preocupación por los que sufrían ciertas enfermedades, tal como la lepra, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, quien mostró un interés especial en tocar y sanar a estos marginados de la sociedad.  Y quizás igualmente importante fue la proclamación que hizo de una nueva actitud más humana hacia los enfermos y ancianos.

          En Inglaterra, la supresión de los monasterios por parte de Enrique VIII causó mucho sufrimiento.  La Reforma privó a muchos enfermos y minusválidos de la única fuente de ayuda que tenían.  Echaron a las calles a los pacientes de hospitales tales como el de San Tomás y el de San Bartolomé, que habían sido fundados y regentados por las órdenes monásticas.  La responsabilidad del cuidado de los enfermos recayó totalmente sobre los gobernantes de las ciudades, y los municipios se vieron forzados a prestar más atención a los problemas de salud de la comunidad.

          No fue hasta el siglo XVIII cuando volvió a surgir el movimiento hospitalario cristiano. El avivamiento religioso, inspirado en Inglaterra por las predicaciones de John Wesley y George Whitefield, fue parte de una enorme desencadenación de energía cristiana por toda la Europa Occidental de la Era de la Ilustración. Sirvió para animar a los cristianos a que no se olvidaran de los pobres y necesitados entre ellos.  Llegaron a un nuevo entendimiento de la necesidad de cuidado del cuerpo, al igual que del alma.

          Comenzó una nueva “Era de Hospitales” donde cristianos devotos construyeron nuevas instituciones para los enfermos pobres, manteniéndose principalmente a base de contribuciones voluntarias.  La influencia de esta nueva era se pudo percibir tanto en Inglaterra como al otro lado del océano.  El cuidado de la salud en Europa por parte de los cristianos recibió un nuevo ímpetu.  Los primeros hospitales en el Nuevo Mundo fueron fundados por pioneros cristianos.  Los cristianos estaban el frente del movimiento de los dispensarios (el prototipo de la medicina general), proveyendo cuidado médico para los pobres en zonas urbanas y áreas congestionadas de las grandes ciudades.

          El altruismo que demostraron estas iniciativas fue puesto a prueba cuando aparecieron epidemias de fiebre y cólera.  Los hospitales más grandes a menudo cerraban sus puertas por temor a contagiarse.  Mientras que los médicos más ricos dejaban las ciudades para su propia protección, los médicos y el personal de los pequeños dispensarios, motivados por una compasión cristiana, se quedaron para cuidar de los enfermos y los que se estaban muriendo.  El London Fever Hospital fue un proyecto inspirado por filántropos cristianos, con el fin de satisfacer las urgentes necesidades de aquellos que vivían amontonados en apartamentos que carecían de la higiene y sanidad apropiada.  Como resultado también de la inspiración cristiana, continuaron identificando áreas con necesidades específicas, y abriendo unidades especiales; hospitales de maternidad y ginecología, e instituciones para los enfermos y los niños abandonados.  Cuando el Servicio de Salud Nacional se hizo cargo de la mayoría de los hospitales voluntarios,  se pudo ver claramente lo endeudada que estaba la sociedad con estos hospitales, y el celo cristiano y el dinero que los había mantenido durante siglos.

 

Avance del Conocimiento Médico

          Aparte de llevar el liderazgo en el cuidado de los enfermos, los cristianos también jugaron un papel muy importante en el avance del conocimiento médico.  Judíos y cristianos juntos se hicieron cargo de recoger y copiar manuscritos de toda Europa después de que se quemara la Gran Biblioteca de Alejandría.  Se rescató mucho conocimiento médico para el religiosamente tolerante Imperio Árabe, y para futuras generaciones.

          Durante la Edad Oscura, la medicina árabe pudo avanzar considerablemente, debido a su acceso a éstos documentos.  En Europa, sin embargo, el progreso fue lento en comparación.  Fue el pensamiento cristiano que llevó a formar las universidades occidentales.  Se fundaron facultades médicas debido a menudo también a la iniciativa cristiana.  Igualmente fueron los esfuerzos que se hicieron para mejorar la investigación y el cuidado de enfermos.

          Durante este período, se realizaron muchos progresos en el campo de la cirugía.  Los cristianos estuvieron entre aquellos que insistían en la necesidad de higiene y en utilizar menos la cauterización en la cura de heridas.  Chauliac, el autor de Chirugia Magna (el libro de texto de la cirugía), fue un sacerdote y cirujano que logró grandes avances en la ortopedia.  Él mismo dio ejemplo permaneciendo en su puesto para investigar la plaga y tratar a las víctimas, cuando muchos de sus colegas huyeron.

          En la Edad Media surgió un enfrentamiento entre aquellos que se basaban fuertemente en las ideas y teorías heredadas de las fuentes clásicas, y las nuevas actitudes hacia la investigación por parte de aquellos que se inclinaban hacia lo que ahora se denomina la ciencia moderna.  Grossesteste, Bacon, Boyle y otros cristianos fomentaron la experimentación en vez de basarse simplemente en la viejas tradiciones.  La “Royal Society” se fundó para promover la investigación, y al principio la mayoría de sus miembros fueron de origen puritano o anglicano.  Muchos de los descubrimientos importantes en los diferentes campos médicos fueron realizados por personas con un compromiso cristiano.  Es imposible mencionar a todos aquí:  William Harvey (aparato circulatorio), Jan Swammerdam (ganglios linfáticos y glóbulos rojos), y Niels Stensen (fibrillas de contracción muscular) fueron personas con fe en Dios.  Albrecht von Haller, considerado por muchos como el fundador de la fisiología moderna y autor del primer libro de texto de la fisiología, fue un creyente devoto.  Abbe Spallanzani (digestión y fisiología reproductiva), Stephen Hales (hemostática, cálculo urinario y ventilación artificial), Marshall Hall (movimientos nerviosos reflejos) y Michael Foster (contracción del músculo cardíaco y fundador del “Journal of Physiology”) fueron sólo unos cuantos entre muchos.

          Lo mismo se puede decir de los avances en las técnicas y práctica de la cirugía.  Ambroise Pare abandonó la terrible práctica de la cauterización para tratar heridas, y realizó muchos descubrimientos quirúrgicos importantes, logrando muchas mejoras.  El descubrimiento de los gérmenes por parte de un católico, Louis Pasteur, fue clave en comprender lo que es la infección.  Lister (un cuáquero), fue el primero en aplicar sus descubrimientos a la cirugía, cambiando definitivamente la práctica quirúrgica.  Davy y Faraday, descubridores y pioneros en el uso de la anestesia en la cirugía, eran bien conocidos por su fe cristiana.  El obstetra James Simpson, un creyente muy humilde, fue el primero en utilizar éter y cloroformo en partos.  James Syme, episcopal y un excelente cirujano pionero, se encontraba entre los primeros que utilizaron de forma conjunta técnicas asépticas y anestesia.  William Halsted de John Hopkins, también pionero en muchas operaciones, introdujo muchas prácticas asépticas, entre ellas el uso de guantes.  William Keen, un bautista, fue el primero en realizar con éxito una operación en un tumor cerebral.

 

Medicina Clínica y Cuidado del Paciente

          Thomas Sydenham es considerado por algunos como el “Hipócrates inglés”.   Él recalcó la importancia de la observación científica personal y el cuidado integral del paciente.  Fue uno de los valientes “doctores de la plaga” que no abandonaron a los enfermos y los que se estaban muriendo durante la Gran Plaga en Londres.  Herman Boerhaave siguió en los pasos de  Sydenham, y fue muy influyente en los inicios de la medicina clínica moderna.  William Osler enseñaba a sus estudiantes de medicina que basaran sus actitudes y el cuidado de sus pacientes en el modelo que marcaba la Biblia.

 

Ética Médica

          El ideal hipocrático fue extendido por doctores como Thomas Browne (siglo XVII), un médico piadoso que fue el primero en escribir sobre la ética médica y el cuidado integral de la persona.   Thomas Percival, un reformador social entregado y un médico de integridad, compuso el primer código profesional de ética en el siglo XVIII.  Muchos de los primeros médicos generales fueron hombres religiosos, y los que no eran creyentes a menudo seguían inconscientemente los principios generales de la ética cristiana.

 

Especialidades

          La contribución cristiana a las numerosas ramas de especialidades es enorme.  No se pueden mencionar más que unos cuantos, como Laenne, un católico que inventó el estetoscopio.   El libro de texto escrito por Rosenstein, un luterano, contrubuyó mucho a la creciente práctica de la ortopedia, mientras que el “Treatise on the Diseases of Children” (Tratado de Enfermedades en los Niños) de Underwood, un creyente devoto, llegó a ser un clásico.   La enfermedad de Still debe su nombre a George Still, del Hospital de King’s College Hospital y el Great Ormond Street Hospital.  George Still fue un luterano que apoyaba firmemente el proyecto de los hogares Barnardo.  En el campo de la dermatología, Willen (que escribió una historia de Cristo) fue el primero en clasificar las enfermedades de la piel.  Muchos clérigos-médicos cristianos, como Blackmore, Willis  y Fox  fueron pioneros en el avance de la psiquiatría.  En Estados Unidos Daniel Drake, un episcopal, fue uno de los primeros en estudiar la patología geográfica, y WH Welch de Johns Hopkins, fue un destacado patólogo cristiano que descubrió el bacilo de la gangrena.   JY Simpson, Howard Kelly y Ephraim McDowell, todos creyentes devotos, fueron importantes figuras en la obstetricia y ginecología.  Mientras que la mayoría de los avances y descubrimientos médicos tuvieron lugar en los hospitales, también tenemos un gran número de médicos generales (Sydenham, James Mackenzie y Clement Gunn por ejemplo) que trabajaron día tras día con gran perseverancia, luchando por demostrar los ideales del cristianismo en su ética y el cuidado de sus pacientes.

 

Salud Pública,  Medicina Preventiva y Epidemiología

          Ya desde el principio los cristianos se dieron cuenta de la conexión entre la salud y la higiene.  Girolamo Fracastoro, un estudiante muy versátil en el siglo XVI, comenzó a investigar la propagación de enfermedades contagiosas.  En el siguiente siglo su trabajo fue continuado por Thomas Sydenham.  Los ministros hablaban a favor de la higiene personal.  John Wesley mismo dijo estas palabras:  “La higiene está definitivamente relacionada a la piedad.”  El activismo social de los cuáqueros es bien conocido; entre ellos John Fothergill, quien hizo campaña para eliminar los males sociales, alegando que debilitaban la salud de la gente.  Otro cuáquero, John Howard, demostró gran preocupación por las prisiones, donde la superpoblación y el tifus eran frecuentes, y promovió con éxito dos actas del Parlamento de reforma en las prisiones.  Edward Jenner, un hombre devoto, fue responsable de los inicios de la inmunología y de la eliminación de la viruela.

 

Necesidad Social

          En el siglo XIX la Revolución Industrial trajo pobreza y necesidad social a las grandes ciudades.  Cuáqueros, evangélicos y metodistas se dedicaron de lleno a satisfacer estas necesidades.  Se fundó un movimiento cristiano misionero nacional para ayudar a los pobres.  Se recaudaron grandes sumas de dinero mediante aportaciones solidarias, y muchos voluntarios se ofrecieron para ayudar en los barrios marginales.  Borrachos, criminales y prostitutas recibieron atención especial, además de adolescentes vagabundos.

El Ejército de Salvación, fundado en 1865 por William Booth, proporcionó cuidado médico para las personas muy necesitadas de las zonas pobres de la ciudad.  También crearon hogares para mujeres que habían sido inducidas a practicar la prostitución.  Se ocuparon también de las madres solteras, y estos proyectos se extendieron por el mundo entero.  Charles West, un bautista, fundó el Great Ormond Street Hospital para cubrir las necesidades de los niños enfermos que habían estado mal cuidados por enfermeras ineptas, habitualmente borrachas, indiferentes a sus pacientes y sin conocimientos de enfermería.

El Doctor Thomas Barnardo fundó sus hogares para niños después de observar el sufrimiento terrible de miles de niños hambrientos y sin hogar del East End.  Se crearon misiones para estas zonas de la ciudad, que proporcionaban cuidado médico y presentaban el evangelio a la misma vez.  Los cristianos estaban a la cabeza de estos movimientos solidarios.  Siguiendo el ejemplo de Jesucristo, se prestó especial atención a las necesidades de los ciegos y los sordos.  El uso del Braille por todo el mundo, y las escuelas para los sordos fueron dos de los proyectos impulsados por cristianos evangélicos.

 

Desarrollo de las Misiones Mundiales

          Jesucristo instruyó a sus seguidores que fueran e hicieran discípulos en todas las naciones (Mateo 28:19);  de la misma manera les exhortó a que amaran al prójimo como a sí mismos.  Durante dos milenios han tenido lugar varios grandes movimientos misioneros, y en cada caso la colaboración médica ha jugado un papel importante.

          El Doctor John Scudder fue uno de los primeros misioneros occidentales de la era moderna, y en 1829 fue a Ceilán.  Entre los más conocidos pioneros de la misiones médicas se encuentran David Livingston (Africa Central), Albert Schweitzer, un prodigioso médico, teólogo y músico que dedicó su vida a los habitantes de remotos bosques de Gabón, y Albert Cook, fundador del Mengo Hospital en Uganda.  William Wanless fundó el Christian Miraj Hospital en India, y Ida Scudder fundó el mundialmente famoso Vellore Medical College en este mismo país.  Hudson Taylor extendió el evangelio y la medicina occidental en China y fundó el China Inland Mission.  Paul Brand fue pionero en las misiones a los leprosos.  Henry Holland y su equipo trabajaron en las fronteras de la civilización de la zona noroeste del subcontinente de India; operaban cientos de cataratas todos los días.  Otros han influído mucho en la prevención de enfermedades como la malaria y la tuberculosis.

 

Mujeres Médicos

          El cristianismo influyó de manera importante en la motivación de los movimientos pioneros para la educación médica de las mujeres.  Elizabeth Blackwell, la primera mujer médico, era cuáquera, mientras que Elizabeth Garret venía de una familia muy devota a Dios.  Ann Clark, otra cuáquera, fue la primera mujer cirujana y trabajó en el Women’s Hospital y el Children’s Hospital en Birmingham.  Sophia Jex-Blake, otra cristiana devota, fundó el London School of Medicine for Women.  Clara Swain fue la primera mujer médico que cruzó el mar como misionera (yendo a Asia).

 

Enfermería

          La enfermería moderna debe mucho a la influencia cristiana.  La mayor parte de la práctica de enfermería, al igual que la medicina, fue llevada a cabo por las órdenes monásticas durante siglos en sus propios hospitales.  En el año 650, un grupo de monjas devotas se presentaron voluntarias para cuidar de los enfermos en el Hotel Dieu de París;  casi toda la práctica de enfermería siguió este patrón.  En el siglo XVII, el sacerdote de una parroquia horrorizado por las condiciones en las áreas pobres de París, creó una orden de enfermería bajo el nombre de Dames de Charite.  Las autoridades cívicas y seculares fueron algo lentas en darse cuenta de la necesidad de enfermeras remuneradas en vez de voluntarias.  En el siglo XIX nació la ‘enfermeria moderna’, debida en gran parte al trabajo de Elizabeth Fry y Florence Nightingale.  La revolución en la práctica de la enfermería incluía el convertirlo en una ambición socialmente más aceptable para las mujeres.  Florence Nightingale recibió mucha influencia de un pequeño hospital cristiano en Kaiserswerth en Alemania, dirigido por ‘diaconisas’, un grupo de mujeres protestantes.  Su respuesta a los mandatos bíblicos de cuidar de los enfermos y educar a los niños abandonados, marcó las pautas para práctica de la enfermería diaria en los hospitales de nuestra era.  Florence Nightingale mejoró los niveles de higiene, la enfermería nocturna y las condiciones en general, además de fundar la primera escuela de enfermería.  Las enfermeras adquirieron un rango profesional hacia el final del siglo, gracias en gran parte a los esfuerzos de Ethel Bedford Fenwick; la mayoría de las enfermeras estaban inspiradas por principios éticos cristianos.  Muchas enfermeras misioneras como Madre Teresa y Emma Cushman han trabajado sin descanso para llevar la higiene y la medicina occidental a las partes más lejanas de la tierra.

 

Una Nueva Alianza

          El objetivo de este artículo ha sido presentar algunas de las grandes contribuciones que los seguidores de Cristo han hecho a la ciencia y a la práctica de la medicina.  De manera consistente los cristianos han elevado la posición social del débil, del enfermo y del minusválido, y se han propuesto cuidar de ellos hasta el límite de sus habilidades.  Los cristianos han sido pioneros en levantar hospitales, proveer personal, en investigación y ética, en promover mejoras en las condiciones, en inmunología, salud pública y medicina preventiva.  Han llevado la medicina occidental a todo el mundo y han mejorado la calidad de vida para incontables millones de personas.

          En muchas maneras, la creencia cristiana y la medicina son aliados naturales;  la medicina provee a hombres y mujeres de oportunidades únicas para expresar su fe en el cuidado práctico diario de los demás, englobando los mandatos de Cristo;  “...En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”  (Mateo 25:40)

 

Rosie Beal-Preston es estudiante de medicina en St. Mary’sl, Londres, y editora de noticias del ‘Nucleus’, un diario estudiantil de CMF.

 

(Párrafos independientes dentro del artículo)

Denis Parsons Burkitt

          Denis Burkitt (1911-1993) fue un cirujano cristiano que trabajó con el Servicio Colonial en Uganda (1946-1964).  Pacientemente buscó pistas que le llevaran a la identificación del organismo vector y causal del tumor que ahora se conoce como el linfoma de Burkitt.   Este descubrimiento permitió que la quimioterapia pudiera adaptarse de forma adecuada, y ahora el pronóstico de este mal infantil ha mejorado considerablemente.  Otro de sus descubrimientos fue el valor de la fibra en la nutrición, hasta ese momento olvidado por la medicina, y su relación altamente significativa en las enfermedades occidentales.  “Esto abrió mis ojos al hecho indiscutible de que una gran proporción de las enfermedades en países occidentales se debe a nuestro estilo de vida, lo cual potencialmente se puede prevenir...”  Uno de sus dichos favoritos era:           

“Las actitudes son más importantes que las habilidades.

          Los motivos son más importantes que los métodos.

          El carácter es más importante que la inteligencia.

          Y el corazón toma precedencia sobre la cabeza.”

 

Thomas Barnardo – Cuidado de Niños Callejeros

          Mientras hacía prácticas en el London Hospital, Thomas Barnardo (1845-1905) se presentó voluntario para trabajar en un colegio de aspecto muy degradado, donde conoció a Jim Jarvis.  Este encuentro cambió su vida.  A través de Jarvis, Barnardo descubrió los terribles problemas de los niños sin hogar.  En ese tiempo había unos 30.000 niños de menos de 16 años viviendo en las calles de Londres.  Barnardo tenía pensado ser un misionero en China.  En lugar de ésto, entregó su vida para ayudar a los niños abandonados a través de los Barnardo Homes.  Además de ofrecer cuidado a estos niños, utilizó de forma innovadora la fotografía para llamar la atención a su sufrimiento.   También luchó contra el problema del alcoholismo.  Otro de sus proyectos fue un hospital para niños enfermos, y creó misiones médicas que ofrecían clínicas gratuítas a los pobres.  Su biógrafo Darkin Williams escribió de él:  “Su creencia cristiana ...no fue meramente una influencia más, sino que actuó como fuerza propulsora que dominó su carrera de principio a fin.”

 

Sir James Paget – Nuevas Técnicas Quirúrgicas

James Paget (1814-1899) trabajaba en el St. Bartholomew’s Hospital en Londres, y era uno de los cirujanos más destacados de su época.  Influyó de una manera importante en la transición hacia las técnicas quirúrgicas más novedosas.  Por lo que más se le recuerda es por su descubrimiento de la osteitis deformante (enfermedad ósea de Paget) y una condición de la piel del pezón que se asocia con el carcinoma de pecho (enfermedad de Paget del pezón).  Paget era un hombre de profundas convicciones religiosas que nunca contó una historia o un chiste burlándose de palabras sagradas, y asistía fielmente a la catedral de St. Paul.

 

Herman Boerhaave – Enfoque Empírico de la Enfermedad

Herman Boerhaave (1668-1738) era el hijo de un ministro reformado en Leyden; pasó de estudiar teología a la medicina.  En 1718 ya era catedrático de medicina, botánica y también química.  Tuvieron mucha influencia en él los escritos de Thomas Sydenham, especialmente su actitud empírica hacia la enfermedad.   Boerhaave reintrodujo la enseñanza al lado de la cama del enfermo, y dejó asentadas bases sobre actitudes clínicas hacia el cuidado del paciente que fueron seguidas por sus discípulos por toda Europa.  Algunos de ellos fueron muy influyentes, incluyendo los siguientes:  Von Haller y Linnaeus (fundadores de la fisiología moderna y la historia natural), van Swieten y de Haen (cuyo empiricismo científico de ideas abiertas, basado en las enseñanzas de Boerhaave, transformaron el punto de vista y el enfoque de la Escuela Vienesa de Medicina, que a su vez llegó a ser el modelo de la nueva Medicina Occidental).  De su vida personal se dice que Boerhaave experimentó una relación íntima y secreta con Dios.  A pesar de las duras tareas que le esperaban cada día, todas las mañanas pasaba una hora en oración y meditación.

 

                    Traducción: Carmen Esaú y Dr. Óscar Rosell 

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