Durante dos milenios, doctores y enfermeros, inspirados por el ejemplo y las
enseñanzas de Jesús de Nazaret, han estado al frente de los esfuerzos para
aliviar el sufrimiento humano, curar enfermedades, y producir avances en el
conocimiento y la comprensión de ellas. La Iglesia Cristiana ha jugado un
papel importante en desarrollar y dar forma a la práctica de la medicina.
El
mundo greco-romano en el cual apareció el cristianismo a menudo era inhumano y
cruel. Los más débiles y los enfermos eran repudiados. Las prácticas de
aborto, infanticidio y envenenamiento eran bastante comunes. El médico a menudo
era también brujo además de sanador, y el poder para sanar le concedía
igualmente el poder para matar. Entre los paganos del mundo clásico solamente
un grupo de médicos hipocráticos mantenían una actitud diferente hacia los demás
seres humanos. Realizaron juramentos para sanar y para no dañar, y llevar a
cabo su responsabilidad de cuidar de los enfermos.
Sin
embargo, no fue hasta que Constantino concedió el primer Edicto de la Tolerancia
en 311 d.C., que los cristianos pudieron mostrar públicamente sus convicciones
éticas y realizar la reforma social. Desde el siglo IV hasta el tiempo
presente, los cristianos se han destacado tanto por su labor en planear,
localizar y construir hospitales, como por sus esfuerzos en levantar los
fondos. Las ciudades con una representación significativa de cristianos ya
habían empezado a cambiar las actitudes prevalentes, y ya habían comenzado a
construir los hospicios (casas de huéspedes para enfermos y minusválidos
crónicos).
Los
relatos de estas demostraciones de preocupación por los demás por parte de los
cristianos, tuvieron un enorme impacto, incluso antes del decreto de tolerancia
de Constantino. Clemente, un lider cristiano en Roma al final del siglo I de la
era cristiana, cuenta como la comunidad cristiana ya estaba haciendo mucho para
aliviar el sufrimiento de las pobres viudas. En el siglo II cuando la plaga
golpeó la ciudad de Cártago, las familias paganas echaban a las calles a los que
sufrían. La comunidad cristiana por completo respondió, liderados por su obispo
en persona. Se les podía ver en las calles, ofreciendo consuelo y acogiéndoles
en sus propios hogares para cuidarles. Unas cuantas décadas después de
Constantino, Juliano, quién había llegado al poder en 355 d.C. , fue el último
emperador romano que intentó reinstituir el paganismo. En su Apología, Juliano
afirmó que si se quería lograr mantener la religión antigua, tendrían que cuidar
de la gente aún mejor de lo que lo estaban haciendo los cristianos.
A la
misma vez que aumentaba la libertad política, también lo hacía la actividad
cristiana. A los pobres se les alimentaba y se les enterraba gratuitamente. A
los huérfanos y las viudas se les protegía y se les proveía para sus
necesidades. Cuidaban a los ancianos, prisioneros, esclavos enfermos y a otros
marginados, especialmente a los leprosos. Estos actos de generosidad y
compasión impresionaron a muchos escritores y filósofos romanos.
En
369 d.C, San Basilio de Cesarea fundó un hospital con capacidad para 300 camas.
Este fue el primer hospital a gran escala para los enfermos y minusválidos
graves. Allí se cuidaba a las víctimas de la plaga. Tenían lugares de acogida
para los pobres y ancianos, unidades de aislamiento, salas para viajeros
enfermos, y una casa para leprosos. Fue el primero de muchos, construído por la
Iglesia Cristiana.
En
la llamada Edad Oscura (476-1000), los gobernantes influídos por principios
cristianos, promovieron la construcción de hospitales. Carlomagno decretó que
cada catedral debería tener adjunta una escuela, un monasterio y un hospital.
Los miembros de la Orden Benedictina se dedicaban al servicio de los enfermos
graves, para “ayudarles tal como haría Cristo”. Los hospitales monásticos se
fundaron basándose en este principio.
A
finales de la Edad Media, en las ciudades donde existía una numerosa población
de cristianos, los monjes comenzaron a ‘profesar’ la medicina y cuidar de los
enfermos. Se reformaron las enfermerías monásticas para acomodar un mayor
número de la población local y de los alrededores.
A
causa de una prohibición por parte de la Iglesia de que los monjes actuaran
fuera sus monasterios, se fomentó la formación de médicos laicos. Se sostenía
que se estaba interfiriendo con las responsabilidades espirituales de los
monjes. Poco a poco, las ciudades con catedral comenzaron a proveer un mayor
número de hospitales públicos grandes, con el apoyo de los gobernantes de la
ciudad. A raíz de ésto se llegó a secularizar más el cuidado médico.
No
obstante, el ejemplo de la Iglesia continuó siendo un reto y un estímulo para la
expansión del cuidado de la salud por parte de las autoridades seglares. Con el
tiempo, fue disminuyendo el número de ciudades o pueblos sin un hospital. La
Iglesia continuó destacando en su preocupación por los que sufrían ciertas
enfermedades, tal como la lepra, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, quien
mostró un interés especial en tocar y sanar a estos marginados de la sociedad.
Y quizás igualmente importante fue la proclamación que hizo de una nueva actitud
más humana hacia los enfermos y ancianos.
En
Inglaterra, la supresión de los monasterios por parte de Enrique VIII causó
mucho sufrimiento. La Reforma privó a muchos enfermos y minusválidos de la
única fuente de ayuda que tenían. Echaron a las calles a los pacientes de
hospitales tales como el de San Tomás y el de San Bartolomé, que habían sido
fundados y regentados por las órdenes monásticas. La responsabilidad del
cuidado de los enfermos recayó totalmente sobre los gobernantes de las ciudades,
y los municipios se vieron forzados a prestar más atención a los problemas de
salud de la comunidad.
No
fue hasta el siglo XVIII cuando volvió a surgir el movimiento hospitalario
cristiano. El avivamiento religioso, inspirado en Inglaterra por las
predicaciones de John Wesley y George Whitefield, fue parte de una enorme
desencadenación de energía cristiana por toda la Europa Occidental de la Era de
la Ilustración. Sirvió para animar a los cristianos a que no se olvidaran de los
pobres y necesitados entre ellos. Llegaron a un nuevo entendimiento de la
necesidad de cuidado del cuerpo, al igual que del alma.
Comenzó una nueva “Era de Hospitales” donde cristianos devotos construyeron
nuevas instituciones para los enfermos pobres, manteniéndose principalmente a
base de contribuciones voluntarias. La influencia de esta nueva era se pudo
percibir tanto en Inglaterra como al otro lado del océano. El cuidado de la
salud en Europa por parte de los cristianos recibió un nuevo ímpetu. Los
primeros hospitales en el Nuevo Mundo fueron fundados por pioneros cristianos.
Los cristianos estaban el frente del movimiento de los dispensarios (el
prototipo de la medicina general), proveyendo cuidado médico para los pobres en
zonas urbanas y áreas congestionadas de las grandes ciudades.
El
altruismo que demostraron estas iniciativas fue puesto a prueba cuando
aparecieron epidemias de fiebre y cólera. Los hospitales más grandes a menudo
cerraban sus puertas por temor a contagiarse. Mientras que los médicos más
ricos dejaban las ciudades para su propia protección, los médicos y el personal
de los pequeños dispensarios, motivados por una compasión cristiana, se quedaron
para cuidar de los enfermos y los que se estaban muriendo. El London Fever
Hospital fue un proyecto inspirado por filántropos cristianos, con el fin de
satisfacer las urgentes necesidades de aquellos que vivían amontonados en
apartamentos que carecían de la higiene y sanidad apropiada. Como resultado
también de la inspiración cristiana, continuaron identificando áreas con
necesidades específicas, y abriendo unidades especiales; hospitales de
maternidad y ginecología, e instituciones para los enfermos y los niños
abandonados. Cuando el Servicio de Salud Nacional se hizo cargo de la mayoría
de los hospitales voluntarios, se pudo ver claramente lo endeudada que estaba
la sociedad con estos hospitales, y el celo cristiano y el dinero que los había
mantenido durante siglos.
Aparte de llevar el liderazgo en el cuidado de los enfermos, los cristianos
también jugaron un papel muy importante en el avance del conocimiento médico.
Judíos y cristianos juntos se hicieron cargo de recoger y copiar manuscritos de
toda Europa después de que se quemara la Gran Biblioteca de Alejandría. Se
rescató mucho conocimiento médico para el religiosamente tolerante Imperio
Árabe, y para futuras generaciones.
Durante la Edad Oscura, la medicina árabe pudo avanzar considerablemente, debido
a su acceso a éstos documentos. En Europa, sin embargo, el progreso fue lento
en comparación. Fue el pensamiento cristiano que llevó a formar las
universidades occidentales. Se fundaron facultades médicas debido a menudo
también a la iniciativa cristiana. Igualmente fueron los esfuerzos que se
hicieron para mejorar la investigación y el cuidado de enfermos.
Durante este período, se realizaron muchos progresos en el campo de la cirugía.
Los cristianos estuvieron entre aquellos que insistían en la necesidad de
higiene y en utilizar menos la cauterización en la cura de heridas. Chauliac,
el autor de Chirugia Magna (el libro de texto de la cirugía), fue un sacerdote y
cirujano que logró grandes avances en la ortopedia. Él mismo dio ejemplo
permaneciendo en su puesto para investigar la plaga y tratar a las víctimas,
cuando muchos de sus colegas huyeron.
En
la Edad Media surgió un enfrentamiento entre aquellos que se basaban fuertemente
en las ideas y teorías heredadas de las fuentes clásicas, y las nuevas actitudes
hacia la investigación por parte de aquellos que se inclinaban hacia lo que
ahora se denomina la ciencia moderna. Grossesteste, Bacon, Boyle y otros
cristianos fomentaron la experimentación en vez de basarse simplemente en la
viejas tradiciones. La “Royal Society” se fundó para promover la investigación,
y al principio la mayoría de sus miembros fueron de origen puritano o
anglicano. Muchos de los descubrimientos importantes en los diferentes campos
médicos fueron realizados por personas con un compromiso cristiano. Es
imposible mencionar a todos aquí: William Harvey (aparato circulatorio), Jan
Swammerdam (ganglios linfáticos y glóbulos rojos), y Niels Stensen (fibrillas de
contracción muscular) fueron personas con fe en Dios. Albrecht von Haller,
considerado por muchos como el fundador de la fisiología moderna y autor del
primer libro de texto de la fisiología, fue un creyente devoto. Abbe
Spallanzani (digestión y fisiología reproductiva), Stephen Hales (hemostática,
cálculo urinario y ventilación artificial), Marshall Hall (movimientos nerviosos
reflejos) y Michael Foster (contracción del músculo cardíaco y fundador del
“Journal of Physiology”) fueron sólo unos cuantos entre muchos.
Lo
mismo se puede decir de los avances en las técnicas y práctica de la cirugía.
Ambroise Pare abandonó la terrible práctica de la cauterización para tratar
heridas, y realizó muchos descubrimientos quirúrgicos importantes, logrando
muchas mejoras. El descubrimiento de los gérmenes por parte de un católico,
Louis Pasteur, fue clave en comprender lo que es la infección. Lister (un
cuáquero), fue el primero en aplicar sus descubrimientos a la cirugía, cambiando
definitivamente la práctica quirúrgica. Davy y Faraday, descubridores y
pioneros en el uso de la anestesia en la cirugía, eran bien conocidos por su fe
cristiana. El obstetra James Simpson, un creyente muy humilde, fue el primero
en utilizar éter y cloroformo en partos. James Syme, episcopal y un excelente
cirujano pionero, se encontraba entre los primeros que utilizaron de forma
conjunta técnicas asépticas y anestesia. William Halsted de John Hopkins,
también pionero en muchas operaciones, introdujo muchas prácticas asépticas,
entre ellas el uso de guantes. William Keen, un bautista, fue el primero en
realizar con éxito una operación en un tumor cerebral.
Medicina
Clínica y Cuidado del Paciente
Thomas Sydenham es considerado por algunos como el “Hipócrates inglés”. Él
recalcó la importancia de la observación científica personal y el cuidado
integral del paciente. Fue uno de los valientes “doctores de la plaga” que no
abandonaron a los enfermos y los que se estaban muriendo durante la Gran Plaga
en Londres. Herman Boerhaave siguió en los pasos de Sydenham, y fue muy
influyente en los inicios de la medicina clínica moderna. William Osler
enseñaba a sus estudiantes de medicina que basaran sus actitudes y el cuidado de
sus pacientes en el modelo que marcaba la Biblia.
Ética Médica
El
ideal hipocrático fue extendido por doctores como Thomas Browne (siglo XVII), un
médico piadoso que fue el primero en escribir sobre la ética médica y el cuidado
integral de la persona. Thomas Percival, un reformador social entregado y un
médico de integridad, compuso el primer código profesional de ética en el siglo
XVIII. Muchos de los primeros médicos generales fueron hombres religiosos, y
los que no eran creyentes a menudo seguían inconscientemente los principios
generales de la ética cristiana.
Especialidades
La
contribución cristiana a las numerosas ramas de especialidades es enorme. No se
pueden mencionar más que unos cuantos, como Laenne, un católico que inventó el
estetoscopio. El libro de texto escrito por Rosenstein, un luterano,
contrubuyó mucho a la creciente práctica de la ortopedia, mientras que el
“Treatise on the Diseases of Children” (Tratado de Enfermedades en los Niños) de
Underwood, un creyente devoto, llegó a ser un clásico. La enfermedad de Still
debe su nombre a George Still, del Hospital de King’s College Hospital y el
Great Ormond Street Hospital. George Still fue un luterano que apoyaba
firmemente el proyecto de los hogares Barnardo. En el campo de la dermatología,
Willen (que escribió una historia de Cristo) fue el primero en clasificar las
enfermedades de la piel. Muchos clérigos-médicos cristianos, como Blackmore,
Willis y Fox fueron pioneros en el avance de la psiquiatría. En Estados
Unidos Daniel Drake, un episcopal, fue uno de los primeros en estudiar la
patología geográfica, y WH Welch de Johns Hopkins, fue un destacado patólogo
cristiano que descubrió el bacilo de la gangrena. JY Simpson, Howard Kelly y
Ephraim McDowell, todos creyentes devotos, fueron importantes figuras en la
obstetricia y ginecología. Mientras que la mayoría de los avances y
descubrimientos médicos tuvieron lugar en los hospitales, también tenemos un
gran número de médicos generales (Sydenham, James Mackenzie y Clement Gunn por
ejemplo) que trabajaron día tras día con gran perseverancia, luchando por
demostrar los ideales del cristianismo en su ética y el cuidado de sus
pacientes.
Salud
Pública, Medicina Preventiva y Epidemiología
Ya
desde el principio los cristianos se dieron cuenta de la conexión entre la salud
y la higiene. Girolamo Fracastoro, un estudiante muy versátil en el siglo XVI,
comenzó a investigar la propagación de enfermedades contagiosas. En el
siguiente siglo su trabajo fue continuado por Thomas Sydenham. Los ministros
hablaban a favor de la higiene personal. John Wesley mismo dijo estas
palabras: “La higiene está definitivamente relacionada a la piedad.” El
activismo social de los cuáqueros es bien conocido; entre ellos John Fothergill,
quien hizo campaña para eliminar los males sociales, alegando que debilitaban la
salud de la gente. Otro cuáquero, John Howard, demostró gran preocupación por
las prisiones, donde la superpoblación y el tifus eran frecuentes, y promovió
con éxito dos actas del Parlamento de reforma en las prisiones. Edward Jenner,
un hombre devoto, fue responsable de los inicios de la inmunología y de la
eliminación de la viruela.
Necesidad
Social
En
el siglo XIX la Revolución Industrial trajo pobreza y necesidad social a las
grandes ciudades. Cuáqueros, evangélicos y metodistas se dedicaron de lleno a
satisfacer estas necesidades. Se fundó un movimiento cristiano misionero
nacional para ayudar a los pobres. Se recaudaron grandes sumas de dinero
mediante aportaciones solidarias, y muchos voluntarios se ofrecieron para ayudar
en los barrios marginales. Borrachos, criminales y prostitutas recibieron
atención especial, además de adolescentes vagabundos.
El Ejército de
Salvación, fundado en 1865 por William Booth, proporcionó cuidado médico para
las personas muy necesitadas de las zonas pobres de la ciudad. También crearon
hogares para mujeres que habían sido inducidas a practicar la prostitución. Se
ocuparon también de las madres solteras, y estos proyectos se extendieron por el
mundo entero. Charles West, un bautista, fundó el Great Ormond Street Hospital
para cubrir las necesidades de los niños enfermos que habían estado mal cuidados
por enfermeras ineptas, habitualmente borrachas, indiferentes a sus pacientes y
sin conocimientos de enfermería.
El Doctor
Thomas Barnardo fundó sus hogares para niños después de observar el sufrimiento
terrible de miles de niños hambrientos y sin hogar del East End. Se crearon
misiones para estas zonas de la ciudad, que proporcionaban cuidado médico y
presentaban el evangelio a la misma vez. Los cristianos estaban a la cabeza de
estos movimientos solidarios. Siguiendo el ejemplo de Jesucristo, se prestó
especial atención a las necesidades de los ciegos y los sordos. El uso del
Braille por todo el mundo, y las escuelas para los sordos fueron dos de los
proyectos impulsados por cristianos evangélicos.
Desarrollo de
las Misiones Mundiales
Jesucristo instruyó a sus seguidores que fueran e hicieran discípulos en todas
las naciones (Mateo 28:19); de la misma manera les exhortó a que amaran al
prójimo como a sí mismos. Durante dos milenios han tenido lugar varios grandes
movimientos misioneros, y en cada caso la colaboración médica ha jugado un papel
importante.
El
Doctor John Scudder fue uno de los primeros misioneros occidentales de la era
moderna, y en 1829 fue a Ceilán. Entre los más conocidos pioneros de la
misiones médicas se encuentran David Livingston (Africa Central), Albert
Schweitzer, un prodigioso médico, teólogo y músico que dedicó su vida a los
habitantes de remotos bosques de Gabón, y Albert Cook, fundador del Mengo
Hospital en Uganda. William Wanless fundó el Christian Miraj Hospital en India,
y Ida Scudder fundó el mundialmente famoso Vellore Medical College en este mismo
país. Hudson Taylor extendió el evangelio y la medicina occidental en China y
fundó el China Inland Mission. Paul Brand fue pionero en las misiones a los
leprosos. Henry Holland y su equipo trabajaron en las fronteras de la
civilización de la zona noroeste del subcontinente de India; operaban cientos de
cataratas todos los días. Otros han influído mucho en la prevención de
enfermedades como la malaria y la tuberculosis.
Mujeres
Médicos
El
cristianismo influyó de manera importante en la motivación de los movimientos
pioneros para la educación médica de las mujeres. Elizabeth Blackwell, la
primera mujer médico, era cuáquera, mientras que Elizabeth Garret venía de una
familia muy devota a Dios. Ann Clark, otra cuáquera, fue la primera mujer
cirujana y trabajó en el Women’s Hospital y el Children’s Hospital en
Birmingham.
Sophia
Jex-Blake, otra cristiana devota, fundó el London School of Medicine for Women.
Clara
Swain fue la primera mujer médico que cruzó el mar como misionera (yendo a
Asia).
Enfermería
La
enfermería moderna debe mucho a la influencia cristiana. La mayor parte de la
práctica de enfermería, al igual que la medicina, fue llevada a cabo por las
órdenes monásticas durante siglos en sus propios hospitales. En el año 650, un
grupo de monjas devotas se presentaron voluntarias para cuidar de los enfermos
en el Hotel Dieu de París; casi toda la práctica de enfermería siguió este
patrón. En el siglo XVII, el sacerdote de una parroquia horrorizado por las
condiciones en las áreas pobres de París, creó una orden de enfermería bajo el
nombre de Dames de Charite. Las autoridades cívicas y seculares fueron algo
lentas en darse cuenta de la necesidad de enfermeras remuneradas en vez de
voluntarias. En el siglo XIX nació la ‘enfermeria moderna’, debida en gran
parte al trabajo de Elizabeth Fry y Florence Nightingale. La revolución en la
práctica de la enfermería incluía el convertirlo en una ambición socialmente más
aceptable para las mujeres. Florence Nightingale recibió mucha influencia de un
pequeño hospital cristiano en Kaiserswerth en Alemania, dirigido por
‘diaconisas’, un grupo de mujeres protestantes. Su respuesta a los mandatos
bíblicos de cuidar de los enfermos y educar a los niños abandonados, marcó las
pautas para práctica de la enfermería diaria en los hospitales de nuestra era.
Florence Nightingale mejoró los niveles de higiene, la enfermería nocturna y las
condiciones en general, además de fundar la primera escuela de enfermería. Las
enfermeras adquirieron un rango profesional hacia el final del siglo, gracias en
gran parte a los esfuerzos de Ethel Bedford Fenwick; la mayoría de las
enfermeras estaban inspiradas por principios éticos cristianos. Muchas
enfermeras misioneras como Madre Teresa y Emma Cushman han trabajado sin
descanso para llevar la higiene y la medicina occidental a las partes más
lejanas de la tierra.
Una Nueva
Alianza
El
objetivo de este artículo ha sido presentar algunas de las grandes
contribuciones que los seguidores de Cristo han hecho a la ciencia y a la
práctica de la medicina. De manera consistente los cristianos han elevado la
posición social del débil, del enfermo y del minusválido, y se han propuesto
cuidar de ellos hasta el límite de sus habilidades. Los cristianos han sido
pioneros en levantar hospitales, proveer personal, en investigación y ética, en
promover mejoras en las condiciones, en inmunología, salud pública y medicina
preventiva. Han llevado la medicina occidental a todo el mundo y han mejorado
la calidad de vida para incontables millones de personas.
En
muchas maneras, la creencia cristiana y la medicina son aliados naturales; la
medicina provee a hombres y mujeres de oportunidades únicas para expresar su fe
en el cuidado práctico diario de los demás, englobando los mandatos de Cristo;
“...En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo
hicisteis.” (Mateo 25:40)
Rosie
Beal-Preston es estudiante de medicina en St. Mary’sl, Londres, y editora de
noticias del ‘Nucleus’, un diario estudiantil de CMF.
(Párrafos
independientes dentro del artículo)
Denis Parsons
Burkitt
Denis Burkitt (1911-1993) fue un cirujano cristiano que trabajó con el Servicio
Colonial en Uganda (1946-1964). Pacientemente buscó pistas que le llevaran a la
identificación del organismo vector y causal del tumor que ahora se conoce como
el linfoma de Burkitt. Este descubrimiento permitió que la quimioterapia
pudiera adaptarse de forma adecuada, y ahora el pronóstico de este mal infantil
ha mejorado considerablemente. Otro de sus descubrimientos fue el valor de la
fibra en la nutrición, hasta ese momento olvidado por la medicina, y su relación
altamente significativa en las enfermedades occidentales. “Esto abrió mis ojos
al hecho indiscutible de que una gran proporción de las enfermedades en países
occidentales se debe a nuestro estilo de vida, lo cual potencialmente se puede
prevenir...” Uno de sus dichos favoritos era:
“Las actitudes
son más importantes que las habilidades.
Los
motivos son más importantes que los métodos.
El
carácter es más importante que la inteligencia.
Y el
corazón toma precedencia sobre la cabeza.”
Thomas
Barnardo – Cuidado de Niños Callejeros
Mientras hacía prácticas en el London Hospital, Thomas Barnardo (1845-1905) se
presentó voluntario para trabajar en un colegio de aspecto muy degradado, donde
conoció a Jim Jarvis. Este encuentro cambió su vida. A través de Jarvis,
Barnardo descubrió los terribles problemas de los niños sin hogar. En ese
tiempo había unos 30.000 niños de menos de 16 años viviendo en las calles de
Londres. Barnardo tenía pensado ser un misionero en China. En lugar de ésto,
entregó su vida para ayudar a los niños abandonados a través de los Barnardo
Homes. Además de ofrecer cuidado a estos niños, utilizó de forma innovadora la
fotografía para llamar la atención a su sufrimiento. También luchó contra el
problema del alcoholismo. Otro de sus proyectos fue un hospital para niños
enfermos, y creó misiones médicas que ofrecían clínicas gratuítas a los pobres.
Su biógrafo Darkin Williams escribió de él: “Su creencia cristiana ...no fue
meramente una influencia más, sino que actuó como fuerza propulsora que dominó
su carrera de principio a fin.”
Sir James
Paget – Nuevas Técnicas Quirúrgicas
James Paget
(1814-1899) trabajaba en el St. Bartholomew’s Hospital en Londres, y era uno de
los cirujanos más destacados de su época. Influyó de una manera importante en
la transición hacia las técnicas quirúrgicas más novedosas. Por lo que más se
le recuerda es por su descubrimiento de la osteitis deformante (enfermedad ósea
de Paget) y una condición de la piel del pezón que se asocia con el carcinoma de
pecho (enfermedad de Paget del pezón). Paget era un hombre de profundas
convicciones religiosas que nunca contó una historia o un chiste burlándose de
palabras sagradas, y asistía fielmente a la catedral de St. Paul.
Herman
Boerhaave – Enfoque Empírico de la Enfermedad
Herman
Boerhaave (1668-1738) era el hijo de un ministro reformado en Leyden; pasó de
estudiar teología a la medicina. En 1718 ya era catedrático de medicina,
botánica y también química. Tuvieron mucha influencia en él los escritos de
Thomas Sydenham, especialmente su actitud empírica hacia la enfermedad.
Boerhaave reintrodujo la enseñanza al lado de la cama del enfermo, y dejó
asentadas bases sobre actitudes clínicas hacia el cuidado del paciente que
fueron seguidas por sus discípulos por toda Europa. Algunos de ellos fueron muy
influyentes, incluyendo los siguientes: Von Haller y Linnaeus (fundadores de la
fisiología moderna y la historia natural), van Swieten y de Haen (cuyo
empiricismo científico de ideas abiertas, basado en las enseñanzas de Boerhaave,
transformaron el punto de vista y el enfoque de la Escuela Vienesa de Medicina,
que a su vez llegó a ser el modelo de la nueva Medicina Occidental). De su vida
personal se dice que Boerhaave experimentó una relación íntima y secreta con
Dios. A pesar de las duras tareas que le esperaban cada día, todas las mañanas
pasaba una hora en oración y meditación.
Traducción: Carmen Esaú y Dr. Óscar Rosell