La
clonación animal podría ser útil para investigar en diversos aspectos de la
genética, preservar especies en extinción, obtener animales homogéneos que
podría tener utilidad en la industria de la alimentación y en la industria
farmacéutica:
(Molly, oveja clónica transgénica produce en su leche
factor de coagulación IX humano útil para tratar la hemofilia B...) Los peligros
vienen ante los posibles abusos en la experimentación: implica a numerosos
animales y la tasa de éxito es muy baja, con elevada mortalidad en los
descendientes clónicos. En el caso de Dolly se necesitaron 400 óvulos, de los
que se obtuvieron 277 embriones; sólo 9 se desarrollaron correctamente y
pudieron ser transferidos, naciendo Dolly y produciéndose 3 abortos de fetos
afectos de múltiples malformaciones. Además podríamos, con el paso del tiempo,
asistir a un empobrecimiento genético de las especies (cuanto más homogeneidad,
más susceptibilidad ante posibles infecciones)
Los
partidarios de la clonación humana reproductiva plantean como utilidades
posibles la obtención de hijos en caso de esterilidad, o conseguir hijos
idénticos a uno mismo o a alguien a quien se deseara “perpetuar”, lo que hoy por
hoy es rechazado unánimemente por la comunidad científica internacional. El
debate está abierto en el caso de la clonación terapéutica, permitida ya
en varios países, en la que se intervendría sobre enfermedades hereditarias,
pudiendo tal vez en el futuro realizar una terapéutica genética del clonado. La
obtención de clones podría ser una fuente de órganos para transplantes
eliminando así la temida posibilidad del rechazo.
Richard Seed
ha dicho: “cualquier cosa que pueda hacerse, se hará. Es absolutamente
imposible detener a la ciencia”. Sin embargo, en la parcela científica,
como en el resto del amplio campo de la vida, no todo lo que se puede hacer se
debe hacer. No veo que el cristiano se deba oponer necesariamente a la clonación
animal, si bien hay que tener muy presente los riesgos de la misma (Dolly tiene
síntomas de envejecimiento precoz) y no perder de vista en ningún momento que
Dios bendijo la diversidad de los mundos mineral, vegetal y animal cuando los
creó. Pero ante la clonación humana no estamos hablando de reproducción sino de
replicación, lo que implica todo un concepto de la vida, ajeno al que Dios nos
indica. Abrimos la puerta a la eugenesia, utilizaríamos embriones que serían
posteriormente destruidos, para conseguir los tejidos deseados, -¿quién
defiende al embrión?- planeando además ante nosotros la incertidumbre sobre
cuál sería la situación personal del clónico, surgiendo problemas sobre el
derecho a su identidad personal, a una doble paternidad, a su propia libertad.
Desde estas líneas sencillas quisiera con tanta humildad como contundencia
animar a los cristianos a alzar la voz a favor de una actividad investigadora
seria, creciente y buena, pero alzarla en contra del utilitarismo sobre los
embriones viables, vidas completas en ciernes. Dios es el único dueño de
la vida humana, quien la preserva desde antes del nacimiento. Todos hemos sido
un día un embrión de cuatro células y se nos defendió y cuidó cuando lo
necesitamos. Hagamos nosotros lo mismo.
Orlando Enríquez
Médico de Familia
Lecturas recomendadas:
De Felipe Fernández,
Pablo
La Clonación. Bases científicas y cuestiones éticas
Publicada por la Alianza Evangélica Española.
Cruz, Antonio.
Bioética Cristiana, Ed Clie