LA CLONACIÓN HUMANA: QUERIENDO SER COMO DIOS... OTRA VEZ

 

Recientemente, el movimiento religioso de los raelianos ha anunciado el nacimiento de la primera niña clonada. El 26 de Diciembre de 2002 (un día después de la Navidad) nació Eva (como la de Adán, otra curiosa coincidencia...) fruto de la unión de dos células de una misma persona: un óvulo y una célula de la piel de una norteamericana de 31 años cuya pareja es infértil. ¿Es el comienzo de la reproducción humana asexuada? Tendrán que demostrar por orden judicial –ya que se niegan a hacerlo voluntariamente como en un principio anunciaron-  si esto es o no verdad, ante la mirada, hoy por hoy bastante escéptica y crítica, del mundo científico. Pretenden hacer 20 nuevas clonaciones a principios del 2003.

No obstante, el perfeccionamiento de las diferentes técnicas de trabajo con el material genético, ha preparado desde hace años el terreno para llevar a cabo la clonación. Dichas técnicas han consistido generalmente  en separar células embrionarias antes de comenzar el proceso de diferenciación celular (en el que ya se identifican los diferentes tejidos), o  disponer de núcleos de células embrionarias cultivadas artificialmente e introducirlos en óvulos no fertilizados a los que se extrae previamente los suyos propios. Así, desde los años 50 hasta los 90 se han clonado anfibios, ratones, cerdos, ovejas y conejos, hasta que llegó la novedad: en lugar de células embrionarias, se extrajeron células adultas, bien diferenciadas. Para ello se introduce el núcleo de dicha célula en un óvulo al que se ha eliminado su propio núcleo, desarrollándose a partir de ahí el embrión, que se implanta en un útero donde termina la gestación: así nació la oveja 6LL3, más conocida como Dolly, obtenida en Escocia, en el Roslin Institute, por el equipo de Ian Wilmut, en 1996. Desde entonces los experimentos en animales han seguido y ya la  empresa norteamericana Advanced Cell Technology (ACT) anunció en Noviembre de 2001 que había logrado la primera clonación de seres humanos, pretendiendo la clonación terapéutica. Fueron necesarios 71 óvulos donados, se lograron 19 embriones de los que sólo 3 se desarrollaron hasta tener 6 células cada uno no sobreviviendo más de tres días. Desde la ciencia no se dudó en calificarla de clonación publicitaria.

            La clonación animal podría ser útil para investigar en diversos aspectos de la genética, preservar especies en extinción, obtener animales homogéneos  que podría tener utilidad en la industria de la alimentación y en la industria farmacéutica: (Molly, oveja clónica transgénica produce en su leche factor de coagulación IX humano útil para tratar la hemofilia B...) Los peligros vienen ante los posibles abusos en la experimentación: implica a numerosos animales y la tasa de éxito es muy baja, con elevada mortalidad en los descendientes clónicos. En el caso de Dolly se necesitaron 400 óvulos, de los que se obtuvieron 277 embriones; sólo 9 se desarrollaron correctamente y pudieron ser transferidos, naciendo Dolly y produciéndose  3 abortos de fetos afectos de múltiples malformaciones. Además podríamos, con el paso del tiempo, asistir a un empobrecimiento genético de las especies (cuanto más homogeneidad, más susceptibilidad ante posibles infecciones)

            Los partidarios de la clonación humana reproductiva plantean como utilidades posibles la obtención de hijos en caso de esterilidad, o conseguir hijos idénticos a uno mismo o a alguien a quien se deseara “perpetuar”, lo que hoy por hoy es rechazado unánimemente por la comunidad científica internacional. El debate está abierto en el caso de la  clonación terapéutica, permitida ya en varios países, en la que se intervendría sobre enfermedades hereditarias, pudiendo tal vez en el futuro realizar una terapéutica genética del clonado. La obtención de clones podría ser una fuente de órganos para transplantes eliminando así la temida posibilidad del rechazo.

            Richard Seed ha dicho: “cualquier cosa que  pueda hacerse, se hará. Es absolutamente imposible detener a la ciencia”.  Sin   embargo, en la parcela científica, como en el resto del amplio campo de la vida, no todo lo que se puede hacer se debe hacer. No veo que el cristiano se deba oponer necesariamente a la clonación animal, si bien hay que tener muy presente los riesgos de la misma (Dolly tiene síntomas de envejecimiento precoz) y no perder de vista en ningún momento que Dios bendijo la diversidad de los mundos mineral, vegetal y animal cuando los creó.  Pero ante la clonación humana no estamos hablando de reproducción sino de replicación, lo que implica todo un concepto de la vida, ajeno al que Dios nos indica. Abrimos la puerta a la eugenesia, utilizaríamos embriones que serían posteriormente destruidos, para conseguir los tejidos deseados,  -¿quién defiende al embrión?-  planeando además ante nosotros la incertidumbre sobre cuál sería la situación personal del clónico, surgiendo problemas sobre el derecho a su identidad personal, a una doble paternidad, a su propia libertad.  Desde estas líneas sencillas quisiera con tanta humildad como contundencia animar a los cristianos a alzar la voz a favor de una actividad investigadora seria, creciente y buena, pero alzarla en contra del utilitarismo sobre los embriones viables, vidas completas en ciernes. Dios es el único dueño de la vida humana, quien la preserva desde antes del nacimiento. Todos hemos sido un día un embrión de cuatro células y se nos defendió y cuidó cuando lo necesitamos. Hagamos nosotros lo mismo.

                                                                                    Orlando Enríquez

                                                                                    Médico de Familia

 

 

Lecturas recomendadas:

            De Felipe Fernández, Pablo

La Clonación. Bases científicas y cuestiones éticas

Publicada por la Alianza Evangélica Española.

Cruz, Antonio.

Bioética Cristiana, Ed Clie

 

 

 

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