PENSANDO EN CRISTIANO:

A favor de la vida

 

 

Cuadro de texto: Imagen de la división celular de un embrión humano en una clínica de fertilidad. (Foto: AP)

 

Cuadro de texto: Embriones congelados
Foto: www.institutomarques.com

 

 

La escena tuvo lugar en un Instituto de Enseñanza Media, hace meses. Ante mí, un conjunto de adolescentes inquietos, cada uno de su madre y de su padre. Me invitó a hablarles una profesora de esas que de verdad profesa, ya que después del paso de los años, aún transpira vocación,  y, sobre todo,  se nota que quiere a sus alumnos. (Si no tengo amor, nada soy … -ni siquiera un buen profesional-). Hablábamos de  aspectos de bioética al nivel más apropiado posible.  En un momento de la charla, expuse ante ellos una fotografía de las diferentes fases del embrión humano. Al contemplar una de las fases iniciales, una de las chicas no se pudo reprimir e interrumpió:  “- … Pero es que para mí, eso no tiene forma humana. Es un conjunto de células sin más…”  y a continuación defendió que no consideraba que por desprenderse de ello  se quitaba la vida a alguien.   Tiempo después y en otro escenario, el de mi consulta, otra chica de unos 20 años, insistía en abortar: “- No me viene bien tener un crío ahora, porque  cuando lo tenga, quiero para él lo mejor: una casa, unas condiciones mínimas … y ahora estoy “pillada” … y si aborto ahora, me da igual; si lo dejo crecer, ya es como si lo tuviera que matar, porque lo notaría más “como mi hijo” y eso ya “me da palo” …”     Y abortó.  No había problemas sociales de fondo y de nada sirvieron mis intentos por hacerle ver la contradicción que supone eliminar del escenario a su futuro hijo, al no poder ofrecerle el montaje con el que se sueña. Las llamadas a su puerta mental resultaron infructuosas.  Todo por el hijo … pero sin el hijo.

         Es el precipitado que se obtiene al mezclar los ingredientes de nuestra sociedad posmoderna como el relativismo moral, el hedonismo, etc.  En el primer caso, haber caído en la trampa que nos tiende el imperio de la imagen,  facilita la distorsión de la esencia de las cosas, y lo que es peor: de la persona, al fundarse en lo aparente: “…no tiene forma humana …”    Frente a la imagen como mayoritariamente la entiende nuestra cultura, Dios nos recuerda que nos creó a la Suya, que trasciende el envoltorio externo, y sustenta toda la dignidad del ser humano. Y sin trampas dialécticas, ya que un experto en embriología, O’Rahilly, nos recuerda en su último manual que la palabra “pre-embrión” carece de fundamento científico. En el segundo caso, lo importante no es tanto la persona que vendrá al mundo, sino su colocación en un supuesto escenario, que termina anteponiéndose al  protagonista.  Junto a esto, el deseo de cortar el vínculo cuanto antes, por si acaso … No es gratuito, como ya he dicho en otra ocasión (1) el límite de las doce o veinte semanas, según el caso, para el aborto legal en España. Más gestación: más vinculación.  El hombre se convierte en el referente último  de todas las cosas , aún dejando en el camino la vida ajena. Si dejamos a Dios, terminamos creyendo cualquier cosa.

         ¿Asuntos de jóvenes y adolescentes que, como es propio,  adolecen?  No. Sabíamos que llegaría y no es la única: la historia de una niña traída al mundo (¡bienvenida por sí misma!) con el fin primordial de curar a su hermana, tras la selección de  embriones. Nos la han contado en algún periódico como una nueva esperanza (2) Ya me expresé con más detalle al respecto (3) , consciente del drama de la situación. Sin embargo sigue siendo cierto y, al menos el artículo no lo oculta,  que tras un total de tres ciclos,  treinta y siete embriones (¡!)  se quedaron en el camino para conseguir finalmente un embrión compatible, con el fin de realizar un transplante de células de cordón umbilical a su hermana enferma. Deseamos, por cierto,  que no sufra un rechazo que aún es posible. Por lo demás, treinta y siete vidas potenciales congeladas. ¡Qué frío y no precisamente  físico …!   Nos seguimos planteando el posible uso utilitarista de la vida ajena. Por eso es crucial luchar por  la vida humana y subrayar su importancia. Entre otras cosas, por cierto, hay que insistir ante nuestros gestores para que gasten nuestros impuestos en facilitar la adopción de embriones, tal como ya se ha comenzado a hacer a nivel privado (4) y el que existan bancos de cordón umbilical. Precisamente, en Leipzig, esa ciudad privilegiada por acoger durante años el genio de Bach, ha sonado con sabor a buena música una noticia que sí es esperanzadora: el éxito de un autotransplante de células de cordón umbilical, que ha contribuido a que una niña  de seis años con leucemia, lleve más de dos años libre de la enfermedad. Se había guardado en su momento la sangre de su cordón y , tras presentarse la enfermedad y recibir ciclos de quimioterapia, el efecto  de su propio trasplante  ha podido ser definitivo.  Las células trasplantadas no tenían marcadores de enfermedad: estaban “limpias”, lo cuál también ha contribuido al éxito. (5) En cualquier caso, una ventana de esperanza que hay que abrir de par en par, invirtiendo recursos y energías. Ojalá se luche por la vida en todos los frentes. En su momento y ante la polémica suscitada, el presidente del Gobierno apeló a la ley, al valor,  la responsabilidad y las razones humanitarias para salvar la vida al etarra  De Juana Chaos. Si de verdad se quiere luchar por la vida, que sea por la de todos. Embriones  incluidos. 

 

Orlando Enríquez

(Publicado en la revista Edificación Cristiana)

Cuadro de texto: Referencias bibliográficas
(1)     Enríquez, O.
¿Más información = cambio de conducta? 
Edif. Crist nº 210, 2003
(2)      El País, 28 de enero de 2007, p. 40
(3)      Enríquez, O.
Los compatibles: la nueva raza de hijos a la carta 
Edif. Crist nº 218, 2005
(4)     Ver  www.institutomarques.com 
(5)      Hayani et al.
First Report f Autologous Cord Blood Transplantation in the treatment of a child with leucemia              
Pediatrics, vol 119 Jan 2007; 296-300

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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